Ante el ataque a la Librería Sekhmet de Vitoria-Gasteiz

( en solidaridad con Txema Sandobal y su familia )

Un ataque contra una librería es también un ataque contra la cultura, la memoria y quienes trabajan para mantener vivos los libros

Vitoria-Gasteiz ha sido testigo de un acto de incivismo que merece nuestra condena y nuestra reflexión.

La Librería Sekhmet, vinculada desde hace décadas al mundo del libro viejo, antiguo y de segunda mano, ha sufrido recientemente un ataque en su entrada y en uno de los elementos que forman parte de su identidad: el símbolo que hace aproximadamente 35 años realizó el artista Enrique Arrieta Gamarra para la librería.

No estamos, por tanto, únicamente ante un daño material.

Cuando alguien ataca una librería está atacando un lugar en el que se conserva una parte de nuestra memoria colectiva. Cada libro que pasa por sus estanterías representa una historia, una investigación, una idea, un descubrimiento o una mirada sobre el mundo que alguien, en algún momento, decidió dejar por escrito.

Los libros son uno de los grandes soportes de la evolución intelectual de la humanidad. Han permitido que el conocimiento sobreviva a quienes lo crearon, que las ideas viajen entre generaciones y que podamos dialogar con personas que vivieron hace décadas o siglos.

Y quienes mantienen hoy esos libros entre nosotros realizan una tarea que va mucho más allá de una actividad comercial.

Las librerías de viejo y anticuarias rescatan, clasifican, conservan y ponen nuevamente en circulación una parte de nuestro patrimonio cultural. Son lugares donde la memoria encuentra una segunda vida.

Sekhmet forma parte de esa historia.

Durante décadas ha sido un punto de encuentro para quienes buscan libros descatalogados, ediciones antiguas, obras difíciles de encontrar y, en definitiva, conocimiento que podría haber desaparecido de nuestras calles y de nuestras bibliotecas particulares.

Por eso resulta especialmente doloroso que haya sido atacada precisamente su entrada y el símbolo que durante aproximadamente 35 años ha identificado ese espacio.

Una sociedad verdaderamente culta no puede considerar normal que se destruya aquello que representa cultura.

Podemos discrepar de las ideas de un libro. Podemos discutir su contenido. Podemos incluso rechazarlo. Pero nuestra respuesta en una sociedad democrática y civilizada debe ser leer, argumentar y debatir, nunca destruir.

El patrimonio cultural cotidiano también merece respeto.

No todo patrimonio está protegido por una placa, aparece en un catálogo monumental o se encuentra detrás de una vitrina. Hay patrimonio que vive en nuestras calles: en una librería, en una vieja imprenta, en una colección particular, en un archivo, en una fotografía o en un libro que alguien ha conservado durante generaciones.

El símbolo creado por Enrique Arrieta Gamarra para Sekhmet forma parte de esa pequeña historia cultural de la ciudad. Puede parecer un objeto modesto, pero representa el vínculo entre una creación artística, una librería y varias generaciones de personas que han pasado por ella.

Dañarlo no es una forma de expresar una opinión. Es simplemente destruir.

Por ello queremos expresar nuestra solidaridad con quienes trabajan y han trabajado en la Librería Sekhmet y nuestra firme condena ante cualquier comportamiento de esta naturaleza.

Y queremos hacerlo también en nombre de algo más amplio:

en defensa de los libros, de las librerías y de todas las personas que dedican su vida a conservar y transmitir el conocimiento.

Porque los libros no son únicamente objetos.

Son memoria.

Son pensamiento.

Son preguntas.

Son conocimiento acumulado.

Son la posibilidad de que una generación pueda aprender de las anteriores y dejar algo a las que vendrán.

Y mientras existan personas dispuestas a conservarlos, clasificarlos, venderlos, leerlos y volver a ponerlos en manos de otros lectores, la cultura seguirá viva.

Lo que ha sucedido en la entrada de Sekhmet debería servirnos, precisamente, para recordar algo elemental:

Una ciudad culta no se mide solamente por sus edificios, sus museos o sus grandes acontecimientos culturales. También se mide por la manera en que trata a quienes, cada día y casi en silencio, mantienen viva su memoria.

Que nadie confunda el incivismo con la libertad de expresión.

Los libros se pueden discutir. La cultura se puede cuestionar. Pero la cultura no se destruye. Se defiende.

Vitoria-Gasteiz a 22 de septiembre de 2026

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