Marco Rubio quiere una “nueva relación” con la isla. Ésto, en su boca, no es una propuesta o una petición; no, es un anuncio.

EE UU casi siempre ha conseguido lo que quiere, hasta ahora.
Jacobo Arbenz, presidente guatemalteco democráticamente elegido, conoció en 1954 que su vecino del norte siempre consigue lo que quiere. El golpe de estado organizado por la CIA y patrocinado por la United Fruit Company fue solo el comienzo de cuarenta años de masacres, torturas y tierra quemada. En Brasil, en 1964, J. Goulart fue sustituido por una dictadura militar; y en Bolivia V. Paz Estenssoro, democráticamente elegido por tercera vez, fue sustituido por R. Barrientos, y algún tiempo después, (1971) J.J. Torres que quería impulsar la presencia de sociedad civil, lo fue por H. Banzer. En Chile, S. Allende, socialista, demócrata y hombre valiente, sucumbió al asedio militar (1973) y fue sustituido, gracias a los buenos oficios de H. Kissinger, por la sangrienta dictadura de A. Pinochet…
En 1961 EE UU no pudo volver a instalar en Cuba un gobierno títere a su servicio. Lo intentó mediante su anunciada invasión por Bahia de Cochinos, pero el pueblo cubano prefería ser dueño de su tierra; para eso habían hecho una revolución.
Recientemente hemos tenido que soportar la insistencia de Marco Rubio en su capricho cubano. Después de lamentar entre gimoteos ante la prensa internacional lo mal que está el país y las ganas que tiene de ayudar a remediar su agonía, ha ofrecido una creativa solución a todos los problemas de la isla: 100 millones de dólares. Quiere comprar Cuba por 100 millones de dólares.
Como él carece de dignidad, cree que se puede comprar al pueblo cubano, ahora que se está muriendo de hambre, por un módico precio. El mismo precio que cuesta la carga de un petrolero que bien se ha cuidado de impedir que llegue a puerto cubano.
Pero al amo le ha salido respondón el viejo imperio persa, -aunque ha matado a sus dirigentes, ha organizado intentos de golpes de estado y ha asfixiado su economía mediante sanciones- no ha podido doblegar a su pueblo. Por el desaire iraní, se ve ahora en la urgencia de mostrar al mundo entero que sigue siendo el amo; por eso mira a Cuba con deseo.
En 2026 EE UU tampoco podrá volver a instalar en Cuba otro gobierno títere a su servicio, como no pudo hacerlo en 1961. La razón es simple: 64 años de bloqueo salvaje han enseñado a los cubanos que la dignidad no está a la venta. En Venezuela pudieron encontrar a quien traicionara a su presidente. En Cuba también lo están intentando. No creo que lo consigan. Emiliano Zapata, Dolores Ibarruri, tal vez también el Che, lo expresaron con claridad: “Es mejor morir de pie que vivir de rodillas”
¡Viva la República de Cuba!
Ezkerra-Berdeak
La Izquierda
Roberto Lazpita











